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Aricar: crónica de un encuentro

La Jornada Aricar que hemos celebrado el pasado 2 de marzo en Amayuelas de Abajo ha sido un satisfactorio espacio de encuentro para gente del sector primario y de más allá, alejados de los focos de la prensa y las polémicas virtuales.

Abrigaño llevaba desde hace meses planeando esta jornada, dentro de una de sus líneas de trabajo en torno a la importancia del sector primario en la vertebración del territorio. Las movilizaciones y las controversias de las últimas semanas no han hecho sino reafirmar la necesidad de este tipo de espacios de encuentro. Desde la asociación hemos intentado conectar con otras entidades que pudieran aportar al encuentro y la reflexión como son las que colaboraron: Espliego, Biela y Tierra, Universidad Rural del Cerrato, Revista Soberanía Alimentaria  y el Ayuntamiento de San Cebrián de Campos. El espacio escogido, Amayuelas de Abajo, es un enclave con una elevada carga simbólica en Castilla por haber sido durante décadas un referente en materia de agroecología y lucha contra la despoblación tanto  por sus aciertos como por sus limitaciones.

Las jornadas han tenido 5 sesiones:

  1. Mesa de productores con Víctor, Fernando y Belén. La mesa hizo un repaso de las polémicas que este mes han sacudido al sector y evidenciaron la complejidad y extensión de todas la materias: el control de la administración, la responsabilidad del productor, la rentabilidad, la dependencia de grandes empresas, los problemas de las OPA/sindicatos, la propiedad del suelo, el relevo generacional… La propia diversidad interna de la mesa hizo que las valoraciones fueran contrastadas: Víctor trabaja en regadío y participa de una de las OPAs, Fernando tienen cientos de cabezas de ovino y ha sido muy activo en las nuevas plataformas de febrero de este mes y Belén es una agricultora veterana que participó de la fundación de la UCCL.
  1. Mesa de jornaleros. Esta mesa adoptó una forma más de ponencia, no podía ser de otra manera. La realidad del trabajo asalariado en el sector primario es de invisibilidad, sus problemáticas son escasamente conocidas y por tanto lo primero que es necesario es aportar luz sobre esta situación. Desde el CSA la Ardilla Roja de Cuéllar, dos trabajadores de la zona nos hicieron una panorámica de las condiciones laborales en el sector con el caso paradigmático de la comarca de El Carracillo. Esta mesa permitió algunas intervenciones del público que dieron pie a contar experiencias como la de Ganaderas en Red.
  1. Taller de suelos. Aquí dejamos de ser oyentes pasivos para entrar en contacto con el suelo: el punto de contacto entre la materia orgánica y la inorgánica que hace posible la agricultura. Víctor, invitado de la primera mesa, con una metodología accesible y doméstica, nos enseña a identificar la ecología microbiana de nuestras huertas y a favorecer aquellos hongos y bacterias que mejoran la propia vida del suelo.
  1. Mesa de alternativas. Esta última mesa de la jornada nos acercó a proyectos alternativos del sector, principalmente agroecológicos, que durante décadas se han ido forjando para enfrentarse a los problemas que habían evidenciado las mesas de por la mañana. Los proyectos de producción y distribución alternativos son tangibles y aunque no sea fácil ponerlos en marcha, los testimonios aportados evidencian que sí pueden sobrevivir. Esta mesa permitió una participación más abierta de la asistencia.
  1. Teatro «La España Vacilada». Dejamos tiempo para lo lúdico y contamos con la compañía Mejor Con Arte, que desplegó una comedia sobre el papel de los políticos respecto del mundo rural. Comedia, pero no ficción. Si pueden, pasen a verla.

Las sensaciones generales del día han sido buenas. El clima no acompañaba y aún así respetó la sesión de taller. La oportunidad para tener espacios de encuentro que desdigitalicen y nos permitan el debate directo sigue abierta.

Por nuestra parte, apuntamos algunas reflexiones que sacamos de manera transversal a la jornada.

En primer lugar, el sector está fuertemente determinado. Los distintos roles están muy marcados y todo el mundo hace lo que tiene que hacer. Como se dijo en la primera mesa: «las reglas del juego están puestas y aquí cada uno juega lo mejor que puede». En el caso de los productores, maximizar ese margen que queda tras deducir todos los gastos y evitar la asfixia por el control administrativo. En el caso de los asalariados, sacar el máximo salario en el menor tiempo posible y evitar el conflicto para poder volver a la siguiente campaña. Incluso en el caso de las alternativas se evidencia como se ocupa un mercado que, aunque pequeño, es suficiente y con ello se va tirando. Jugamos al juego, las reglas están puestas.

En segundo lugar, sale siempre a la mesa la cuestión de la voluntad: todo el mundo quiere hacer las cosas bien. Los productores quieren autocontrolarse, tratar la fauna y la flora con sensatez, evitar la explotación de la mano de obra, tener la máxima calidad sobre el producto. Los trabajadores querrían que su oficio no se perdiera, que su trabajo no fuera peligroso -en primer lugar para ellos- ni que se resienta el alimento que se produce. Pero la voluntad choca con esas reglas del juego.

En tercer lugar, nos parece muy notable cómo los distintos actores evidencian que hay un preocupación por la crisis ambiental y una conciencia de que este sector es el más afectado. Aún con eso, paradójicamente, se están sufriendo las medidas para frenar esta crisis. Sin duda, la aplicación legislativa de medidas ambientales ha generado paradojas y situaciones directamente absurdas -como también se señaló en la obra de teatro. La ecología de ministerio choca con la ecología a pie de campo, y la distancia es cada vez mayor. En cualquier caso, la solución no pasa por negar la segunda: la ecología a pie de campo es un tesoro a preservar. 

Esto no acaba aquí, volveremos para binar.

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