Hace más de 4 años desde que Mañueco mostró la verdadera cara del autogobierno en Castilla y León: una mascarada. Solo tras la reforma del Estatuto de Autonomía de Castilla y León de 2007, en el contexto de una ampliación de competencias autonómicas impulsadas por vascos (Plan Ibarretxe) y catalanes (Nou Estatut), la presidencia de la Junta de Castilla y León pasaba a poder disolver las Cortes y convocar elecciones sin que coincidiesen con las municipales. La primera vez que se activó este mecanismo fue en diciembre de 2021, para que el gobierno de Mañueco dejase de depender de un partido en declive (Ciudadanos) y pasara a hipotecar su mayoría electoral a Vox, el representante español de la ultraderecha mundial y el nuevo fascismo local. 12 días después del resultado electoral de Castilla y León, el presidente del PP Pablo Casado era defenestrado en una guerra interna que facilitase el entendimiento con Vox. La incorporación de competencias al estatuto de autonomía llegó a este punto de degeneración, instrumentalizando las elecciones autonómicas para intereses totalmente partidistas. A esta perversión se han sumado este año Extremadura y Aragón, dentro de la misma estrategia de desgaste entre bloques políticos españoles.
Lo que pasó después de la entrada de Vox a la Junta es bien sabido: incendios forestales, colapso sanitario, despoblación rampante, concentración de inversiones y población, crisis de vivienda… Ante todo esto, papelón de Vox en el gobierno de la Junta durante 2022-2024aunque algunos quieren olvidarlo: latidos fetales, conciertos postincendios fallidos, enchufes extraños en el ITACyL, crisis industriales como la de Siro…para finalmente escenificar una ruptura ordenada desde Bruselas por sus amigos de ultraderecha a costa de 14 niños migrantes. Después, sus 12 diputados en Cortes se han limitado a engordar sus cuentas corrientes y conseguir un puñado de titulares con los que envenenar el clima político.
Pasados más de 4 años las urnas se vuelven a abrir en un clima de desafección aún mas profundo que el de hace 4 años, que obtuvo una abstención en máximos (42%). Ahora el 50% de la población indica poco o ningún interés por las elecciones y el 80% da por hecho que las va a ganar el PP. Así es el tiempo de Mañueco.
Desde Abrigaño vemos la situación del territorio que habitamos y vemos como instituciones nominalmente democráticas son de manera obscena meras correas de transmisión sin margen de actuación, solo de teatralización. No existe autogobierno alguno. Y lo peor es que el impulso popular para avanzar hacia un mayor autogobierno, autonomía y, en fin, unas libertades mayores está en retroceso.
En un clima global marcado por la barbarie de la guerra y el dominio económico de las oligarquías que se reparten el mundo, la única fuerza política que crece es la que defiende de forma más abierta la barbarie. En nuestro caso es el nacionalismo español y sus distintos partidos a izquierda, derecha y especialmente ultraderecha. Vox sigue creciendo a costa de las clases medias que viven en las periferias de las ciudades, mitificando un pasado que nunca existió para traernos un futuro que nos hará dejar de existir.
En primer lugar por acelerar la crisis ambiental que determina este siglo: calentamiento global, perdida de suelos, pérdida de acuíferos, contaminación urbana, pérdida de biodiversidad.. allí donde miramos, Vox está en el lado del mal, de acelerar el proceso de devastar la biosfera. En segundo lugar por traer la guerra a casa, planteando volver a la mili y abrazando las órdenes del mando de la OTAN de destinar casi el 50% de todos los presupuestos públicos a financiar el complejo industrial-militar de EEUU. En tercer lugar por acelerar con gusto el abandono de los territorios, promoviendo la desregulación total del mundo laboral y social, lo que sabemos que conducirá sin frenos a una gran migración hacia las ciudades que puedan mantener abiertos hospitales, carreteras y tener algún puesto de trabajo con alguna garantía de no ser brutalmente explotados. En cuarto lugar, aunque sin duda podría haber más, por laminar todas las expresiones de arraigo y pertenencia castellanas, leonesas y de cualquiera otra cultura de cuántas conviven en estos territorios, reemplazadas por un pack de españolismo vociferante, que combina una falsa idea del mundo rural (toros, caza y brutalidad) y fusiona torpemente las expresiones culturales de la península (paellas, sevillanas y olé). El desprecio y crueldad hacia nuestras vecinas inmigrantes es el primer paso para el desprecio y crueldad hacia todo el mundo, normalizando el autoritarismo y el matonismo.
El resultado de estas elecciones va a depender de una suma de debilidades y de abstenciones, que es lo que único que puede dar la sorpresa aunque la posibilidad es remota. Hay una amplia probabilidad de que las Cortes queden con una distribución exactamente igual que el actual. La única fuerza política local que parece que vaya a salir reforzada es el leonesismo canalizado en UPL y Alantre, recogiendo el amplio sentimiento de desafección, descontento y frustración que alberga la vecindad de León, pero también de Zamora y de Salamanca. La ausencia de una alternativa equiparable en las otras 6 provincias de esta comunidad nos interpela. Es llamativa la ausencia de propuestas que trasciendan la lógica provincialista. La orfandad del territorio castellano se hace patente, carente de una alternativa anclada en el territorio que eluda las dinámicas de Madrid DF desde donde, por ejemplo, han triturado el espacio de Unidas Podemos.
No pensamos que sea estrictamente necesario un nuevo partido, pero sí un nuevo impulso por el autogobierno y en fin por la democracia. Asociacionismo, federaciones, cooperativas, sindicatos… organizaciones que luchen y defiendan los pueblos que habitan esta comunidad autónoma y su entorno. Todo ello bien articulado. También necesitamos medios propios con los que resistir al proceso de conversión autoritaria en el que está todo el mundo. Castilla es un pueblo que se niega a morir. Miles de personas nos seguimos encontrando cada año en Villalar de los Comuneros. Tímidos pendones asoman en eventos y festivales. El encinar prenderá, pero tenemos que evitar que lo talen antes.
