Ha pasado un mes de las elecciones autonómicas de Castilla y León que analizamos en este pequeño comunicado. El resultado final ha sido poco sorprendente en términos generales, pero sí que ha desinflado la burbuja de expectativas exageradas en torno a algunas alternativas: UPL en cuanto a la oposición territorial y VOX en cuanto a la impugnación de élites a todo el sistema. El resultado es un refuerzo del bipartidismo, concentrando el voto en el PP y el PSOE y dando una renovada legitimidad al Partido Popular de Castilla y León para que continúe hasta superar sus 40 años de gobierno.
Hay quien habla todavía de el cierre del ciclo del 15M abierto en 2011, en medio de la crisis económica, que catapultó a Podemos y Ciudadanos como fracturas políticas principales del bipartidismo. También en Castilla. Esto está completamente desfasado. Lo que pensamos que se está cerrando ahora es una herida de la que se habla mucho menos: el procés en Castilla. Cuando todas las cámaras miraban hacia los institutos y colegios catalanes, en Castilla los balcones se inundaban de banderas españolas, se gritó «a por ellos» en algunas comisarías y en general la derecha tomó las calles de manera desacomplejada con una intensidad que no se veía desde los primeros 80. De ese caldo primigenio es del que salió unos pocos años después todo el ecosistema reaccionario abanderado por Vox pero que engloba a muchas otras expresiones de fascismo. Lo importante es que aquellas jornadas fueron un acontecimiento político que pasó la página del 15M de 2011.
Los ecos de lo que ocurrió en 2017 en los territorios castellanos es lo que abrió la ventana a un nuevo surgir de movimientos territoriales: la España Vaciada en 2019, el auge del leonesismo en 2022-2026 o el castellanismo cultural del que luego hablaremos. A su vez, también lo que cerró el paso a una izquierda impugnadora del régimen del 78 en el Estado español. Ahí queda para la historia las actitudes timoratas y negligentes de lo que entonces era Unidas Podemos, sin duda causadas por la nula preocupación de sus dirigentes y cuadros por pensar en lo castellano. Si ese espacio político ha sobrevivido es por haberse convertido en el ala izquierda del régimen entrando en el gobierno a partir de 2020. En todo caso, su tiempo ha terminado como certifica un parlamento como las Cortes de Castilla y León en el que la única fuerza de izquierda es el PSOE.
De las elecciones de Castilla y León se ha pasado página rápidamente para poder mirar con más optimismo a Andalucía. Desde el PP por su previsible mayoría absoluta, desde el PSOE porque esperan una tímida recuperación. Las otras izquierdas por unas perspectivas electorales no tan devastadoras. Y la ultraderecha porque sigue pudiendo colocar los marcos del debate como está haciendo ahora de nuevo con la cuestión migratoria.
Sin embargo en Castilla han seguido pasando cosas que han terminado en la campa de Villalar en un nuevo 23 de abril. El simbolismo de Villalar escapa de los Comuneros y escapa ya también de su papel en la transición. Ahora mismo es una fecha icónica para que los actores políticos de este territorio se posicionen y demuestren su vitalidad. Este 2026 creemos que ha terminado de eclosionar lo que llevaba unos años gestándose: el conflicto abierto entre una nueva sensibilidad juvenil castellana y la política cultural de la Junta.
Lo que hemos visto hacer a la Junta este año es un paso más de lo hecho el año pasado y un paso menos en su agenda de hacer desaparecer la festividad del 23 de abril como festividad autonómica. Es un secreto a voces, pregonado por su Fundación Valores de Castilla y León, que se pretende hacer de la conmemoración de la unión de los reinos de Castilla y de León en 1230 la nueva festividad autonómica. Esta fundación nació con ese objetivo en 2024 tras el secuestro de la antigua Fundación Villalar (hoy Fundación Castilla y León) por Carlos Pollán, presidente de las Cortes por Vox en la pasada legislatura y actual número uno del partido. La iniciativa de Vox en esta cuestión también ha pasado bastante desapercibida, pero es necesario recordar como Carlos Pollán ha intentado hacer de las Cortes de Valladolid un Centro Cívico a su servicio, con ferias periódicas, jornadas de puertas abiertas el 23 de abril o…visitas de los reyes magos. Por ahí se ha ido el presupuesto de la antigua Fundación Villalar, con el silencio de todo el arco parlamentario.
Frente a esa deriva, la nueva fundación del PP está promoviendo la infamia de los conciertos del día 22 de abril en las distintas ciudades de la Comunidad Autónoma. Unos conciertos de presupuesto millonario y que son un insulto tanto la vecindad como para músicos y artistas. Es importante detenerse en la cuestión de estos conciertos porque también han tenido su reverso muy importante en la campa de Villalar.
Los artistas que llevan los últimos 3 años tocando en la campa de Villalar lo están haciendo para salvar la fiesta, cobrando muy por debajo de su caché (en algunos casos hay bandas que no llegan a cobrar ni 200€ por persona), mientras la Fundación Valores de CyL se está gastando ¡un millón y medio de euros! en las actuaciones del día 22 de abril. Actuar en Villalar, a parte de un honor inmenso, también era una oportunidad para que grupos de “casa” cobrasen un buen caché que les permitiese afrontar un nuevo disco, un nuevo vídeo o simplemente un reconocimiento digno a su trabajo. La lista de grupos que en los últimos años ha tenido que hacer un crowdfunding para sacar adelante su proyecto es interminable: Carlos Soto, El Naán, Barbacana, Guille Jové, Castora Herz,… La gente está asumiendo la responsabilidad de salvar los proyectos culturales que su administración regional se niega a apoyar.
El año en el que los burgaleses El Nido y la MODA han perdido muchísimo dinero por la estafa de la tiquetera WEGOW -se calcula que la MODA perdió medio millón de euros con el escándalo-, la JCyL ha decidido no contratar a ninguno de ellos para los conciertos del 22 de abril. No hay ayudas ni reparación para estos currantes de la música que han llevado el nombre de Castilla y León por toda España. Por lo visto, el año en el que Celtas Cortos celebran su 40 aniversario o el año de eclosión del arandino Barry B tampoco eran motivo suficiente como para tocar por el día de nuestra Comunidad.
Por ponerlo un poco en contexto: la Xunta de Galicia, a través de la Axencia Galega das Industrias Culturais (Agadic), destina ayudas específicas para la proyección exterior de la música gallega con hasta 15.000 euros por solicitante -estas subvenciones financian los costes de las giras de los grupos gallegos fuera de Galicia-. En Castilla y León todas las subvenciones son para el mismo grupo, Siloé, más de 200.000€ en un año para su gira de 2025/2026 con el objetivo de difundir la imagen de Castilla y León como destino turístico, osease, colocar un cartel de “Castilla y León es vida” en sus conciertos. Con esos 200.000€ la JCyL podía haber repartido 15.000€ a casi 14 grupos de nuestra Comunidad para facilitar que puedan tocar en otras Comunidades Autónomas expandiendo, todavía más, la marca Castilla y León. Imaginemos que cada grupo sólo pudiese solicitarlo cada 3 años (aproximadamente lo que dura la gira de presentación de un disco), ¡cada ciclo de 3 años 42 grupos diferentes se podrían beneficiar de estas ayudas!
Lo que a su vez Villalar ha representado, es una nueva demostración de pulso, tanto de las organizaciones políticas y sindicales del territorio, como de la existencia de un muy relevante sector de la juventud de distintas provincias (especialmente Valladolid, Palencia, Burgos, Zamora y Segovia) que está encontrando en el folclore castellano recursos con los que construir su identidad. La carpa llena de la Perdiz Roja y sus camisetas inundando la campa, la intensidad y potencia de los conciertos de la campa central o la presencia de banderas castellanas arcoiris desde el acto institucional hasta los balcones de nuestras ciudades son una muestra del pulso que tiene esta nueva generación y de la sensibilidad con lo castellano.
Sin duda hay espacio para lo castellano en esta época.
