Notas del debate en el Campamento de la Juventud Castellana

El pasado mes de julio participamos en el Campamento de la Juventud Castellana con una ponencia sobre pensamiento descolonial y una invitación al debate que viene promoviendo nuestra agrupación.

El miércoles 22 de julio se presentó la ponencia por parte de un compañero de abrigaño, para posteriormente dar lugar a un debate cuyas líneas se esbozaban en la propia ponencia.

Esta entrada busca recoger algunos elementos de dicho debate, que se alargó durante dos horas e involucró a gran parte de la asistencia al campamento de manera muy intensa.

El debate se dividió en tres partes. La primera sobre la problemática del territorio, la segunda sobre la identidad y la tercera sobre el sujeto histórico. Los debates que se trasladan en la ponencia y que se introdujeron en cada parte son el reflejo de los mismos debates mantenidos durante los últimos años entre las personas, todas ellas del ámbito militante, que recientemente se lanzaron a la constitución de abrigaño como espacio de reflexión permanente.

La cuestión territorial

La primera parte se inició con algunas intervenciones que aludieron al peso de la institucionalidad para la configuración del territorio vivido. Así se puso por ejemplo La Rioja como entidad territorial con un marco institucional que determina el tipo de relaciones territoriales para quienes habitan esa zona, a pesar de tener una relación humana, económica, histórica y cultural  mucho más intensa con otras poblaciones, lo que acaba limitando estas relaciones territoriales.

Otra intervención puso el acento en que la especificidad de las formas de habitar el territorio forman distintas unidades territoriales. Se puso el ejemplo cántabro en contraste con Tierra de Campos, cómo había unas maneras muy distintas de poblar el territorio -tipo de pueblo, de aldea- y de trabajar el paisaje -la tierra, los bosques…-. Por otro lado se señaló que era común de toda Castilla una relación campo-ciudad muy marcada, una dinámica de despoblación propia seguida de un arraigo en los pueblos de las generaciones jóvenes urbanas.

En ese momento se planteó la necesidad de definir el territorio como marco de luchas sociales, como espacio en el que se dan conflictos en torno a los cuales se forman sujetos sociales con esa base territorial. Se puso por ejemplo la confluencia catalana en torno a las luchas por la vivienda digna. Esta consideración abrió el debate sobre si las luchas deben articularse en torno al territorio en el que se dan o agruparse en los marcos institucionales con los que entran en conflicto, siendo el caso más común el marco estatal español por ser el marco jurídico contra el que apunta casi todo movimiento social. Como respuesta se indicó que el poder capitalista hoy en día se organiza en la burguesía europea, por lo que si bien hay aspectos jurídicos locales, autonómicos o estatales la confluencia debería darse a nivel europeo y no español. Por descontado, esta confluencia deberá ser de entidades del mismo tipo, y ahí es donde se propone la articulación territorial que atienda a la especificidad de cada territorio. Volviendo al ejemplo vivienda, que se había pues sobre Cataluña, se señala cómo la dinámica campo-ciudad castellana habría impuesto un tipo de problema de la vivienda distinto al que se da en grandes ciudades o en zonas costeras y que a la vez es común en las provincias castellanas.

Sobre la articulación territorial se introduce la necesidad de atender a diferencias identitarias existentes en los territorios, a cuestionar desde donde hablamos cuando hablamos con un “otro”, enlazando con la lógica del ser-noser de Fanon. Se responde con el ejemplo kurdo y como la concepción dual de la nación como nación-democrátrica vs. nación-estado permitía la integración pluriétnica. Esto supone revertir la lógica con la que pensamos el territorio, pasando a pensarnos desde donde estamos y hacía donde confluimos, lo que se traduce en concebir desde cada posición cómo es la patria que nos une.

Retomando la idea de cómo las formas de habitar y de luchar el territorio nos definen se plantea que haya prácticas en el territorio que sirvan para delimitar sujetos específicos. Por poner un ejemplo actual, se citan las redes de solidaridad contra la crisis del coronavirus como una respuesta urbana castellana con cierta especificidad, dado que en otros contextos no han sido ni siquiera necesarias.

Se abre a continuación dentro de la cuestión territorial un amplio debate sobre la problemática de Madrid. El territorio que habitamos quienes participamos del debate no puede entenderse sin el ritmo que marca Madrid, lo que es común a toda Castilla. No puede plantearse alternativa política que excluya Madrid.

Se valora que Madrid es hoy una isla territorial sin vinculación con el resto del entorno, es un concepto vacío en el que superponen varias capas: Madrid ciudad global. Madrid capital imperial, Madrid aglomeración obrera… En Madrid la pertenencia es confusa y compleja, por lo que no puede establecerse una identidad madrileña que dialogue con otras. Se responde que Madrid tiene un gran potencial en sus barrios, en donde resisten componentes de lo rural que están inscritos en una cierta identidad de barrio desde su nacimiento, precisamente con la llegada de población rural.

De manera más general se plantea que la ciudad es un producto social que responde a la lógica capitalista y que entre sus funciones está impedir precisamente el arraigo territorial que estamos debatiendo. A esto se debe sumar la lógica cultural de la globalización que tiene a uniformar la forma de habitar todos los espacios urbanos. Esta caracterización supondría en caso extremo afirmar la esterilidad de los sujetos urbanos y que para articular el territorio se dé la necesidad de constituir sujetos rurales incluso insertos en el espacio que ocupan los barrios de las ciudades. Esto supone afrontar la concepción de la modernidad con lo rural – incluidas las tendencias socialistas-, que lo conciben como algo atrasado condenado a la extinción.

El problema de la identidad

Tras varias intervenciones que aludían a la problemática de la identidad y la manera en la que la identidad vivida incide en la posibilidad de constituir sujetos colectivos de base territorial se decide abrir el bloque de debate centrado en la identidad. Varias intervenciones mostraron una situación ya existente de bloqueo debida a que la población urbana no se identifica con su entorno.

Se interviene para delimitar algunas problemáticas de la identidad actualmente. Primero, se define identidad como un mecanismo que por definición si bien sirve para unir, a la vez excluye a otra parte. Segundo, se discute la concepción de la identidad como algo razonable, según la cual se pueda convencer a una persona de cuál debe ser su identidad con argumentos. Por contra se afirma que la identidad se construye de forma colectiva a través de mecanismos de pertenencia muy variados, algunos materiales y otros simbólicos: rutinas, ritos, símbolos, mitos… En tercer lugar se criticó la fetichización de la identidad, que supone una inversión según la cual sólo vemos la identidad en cosas y no en la pertenencia de varias personas a un mismo colectivo. Por ejemplo, solemos reducir tener una identidad con asociarse con banderas, himnos, colores…-cosas que simbolizan un vínculo- y no con la pertenencia que supone adscribirse a esa identidad -personas con las que te vinculas-, con lo que perdemos toda perspectiva real de por qué se producen los procesos de identificación colectiva.

Estos matices suponen dos comentarios. El primero sobre la potencialidad del concepto patria para despertar vinculaciones emocionales mucho más profundas que otros conceptos, como se ha demostrado históricamente. Por otro lado, está la posibilidad de construir lugares que permitan esa asociación entre el espacio y lo social.

Aterrizando sobre lo castellano, se afirma que actualmente es una identidad superadora de las divisiones establecidas por cuestiones ideológicas. En el movimiento juvenil es un caso claro de cómo el castellanismo tiene capacidad de romper el sectarismo entre anarquismo, comunismo, feminismo y otras identidades de trinchera en las que se suele mover el movimiento juvenil. Además, permite entrar en comunicación con otras generaciones, al compartir un sustrato cultural muy amplio con mucha capacidad de politizarse. Como comentario sobre esta posibilidad se objeta el peligro del etnicismo con el que se afirma el castellanismo en muchos casos, como cuando se define por el folclore, la ascendencia o el modo de vida.

Se rescata en este punto un elemento centrar de la identidad sobre el que varias intervenciones habían ya señalado su importancia: un idioma común. Se señala que el idioma va más allá de ser un elemento de identificación, siendo casi una infraestructura básica para la socialización. En nuestro caso, tenemos que ser conscientes de que el castellano es una barrera para aquellos sujetos de nuestra sociedad que situaciones más duras viven, especialmente relacionadas con la migración; y a la vez es un arma política por parte del españolismo contra otros pueblos-con la imposición del castellano- y contra el nuestro propio-con la uniformización interna del castellano-.

Algunos apuntes de nuestra historia

Antes de terminar la sesión se decide abordar cuestiones históricas de lo castellano que nos permitan trazar un sujeto histórico definido, en parte con el referente andaluz que se ha visto en la ponencia. Aquí se plantea que hay ciertos elementos ya asentados, como el consenso sobre el origen político de Castilla y la vinculación con la forma concejo y los comunales. También sobre la revuelta comunera y su riqueza interpretativa. Sin embargo, vemos una gran laguna desde 1500 hasta hoy, que da a entender que Castilla es algo medieval ya extinto y que en este territorio no ha pasado nunca nada. Esto se debe a una gran dejación académica al respecto, por lo que entendemos que se debe afrontar una construcción militante seria de un relato histórico para nuestro contexto.

Se menciona el trabajo realizado en el Encuentro de Mujeres Castellanas María Cascaja, que se expondrá en otra sesión del campamento y que se refleja en la publicación Vereda. Otra intervención señala que en principal bloqueo que afrontamos está en el s.XIX. En dicho siglo hubo una revolución burguesa muy potente y se inició la industrialización de Castilla de forma muy notable, en paralelo al proceso vasco o catalán. Sin embargo, la excesiva dependencia del sector primario y de sus infraestructuras asociadas (canales y ferrocarriles) así como el arcaísmo empresarial castellano, incapaz de superar el modelo familiar y de integrarse en grupos empresariales, llevó a la quiebra del proceso industrializador a final de siglo. Ahí sería donde empieza la decadencia castellana y no antes, y ahí es donde se produce la subordinación total a la dinámica económica del Madrid imperial, lo que conllevó la subordinación social y cultural. Este proceso está pendiente de estudios exhaustivos, que nos muestren el impacto en la actualidad de este proceso y que nos den un relato mucho más potente sobre nuestro contexto.

Acabamos esta entrada agradeciendo a la organización del campamento y de toda la asistencia por su participación en este proceso colectivo que se abre ante todas nosotras.

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