Conversatorio sobre identidad rural

Reproducimos a continuación el conversatorio sobre identidad rural en el que participó un compañero de Abrigaño. Agradecemos la iniciativa a Revista Soberanía Alimentaria, como agradecemos el trabajo que vienen haciendo desde hace años.

En un momento como este, de globalización, deslocalización y redes sociales, ¿cuán importante es la relación con el territorio en el concepto de identidad?

Lucía: Cuando hablamos de territorialidad, nos referimos a un sentimiento de pertenencia que nos marca en los gustos, en la memoria compartida y en las relaciones, porque somos seres sociales y sociables, aunque a la vez vamos incorporando todo lo que nos rodea. En mi pueblo nos une la comida, las fiestas del pueblo… Son cosas que te van marcando como lo que eres. Yo no me puedo sentir castellana porque lo que me rodea es al-Ándalus y tengo esa cultura. Noto que se nos ha impuesto la identidad castellana y me crispa un poco que se haya silenciado la forma en la que se hizo.

Guille: En Abrigaño reconocemos todas las identidades que ha habido desde la perspectiva de la teoría descolonial y se ve todo diferente, como esto que cuenta Lucía. En nuestro grupo de estudios, el territorio es clave porque trabajamos una visión ecosistémica de la identidad, que se forja en tanto en cuanto te desenvuelves en un territorio determinado. Tus tradiciones tienen que ver con lo que cultivas, que viene determinado por el tipo de clima y de suelo; tus canciones dependen de si el cuero sonaba de una manera o de otra (si había ovejas o vacas); de si por allí pasaron los árabes o es una zona transfronteriza. Es muy interesante. A partir de esta mirada, abandonamos el concepto de provincias y aterrizamos en las comarcas, que son los espacios que dialogan con el territorio, que generan las identidades más naturales y que acogen todo lo que en ellas acontece: la vida social, económica…

Guillermo: Efectivamente, la comarca es lo más cercano al ámbito vital, agronómico, gastronómico, de hablas… Y es mucho más amable, menos exclusivista y excluyente. En la parte que rodea Picos de Europa —Asturias, Cantabria, León— hay una forma de vida que tiene puntos en común con otras zonas de montaña como los Alpes, Gales o la sierra de Aracena. Una de las características de la idea de nación es cierta exclusividad y creo que hoy son más interesantes las identidades mixtas y los puntos de contacto entre diferentes identidades. 

  «Identidad rural» es un concepto complejo, provocador. Para no correr el peligro de idealizarlo, ¿hay que nombrarlo en plural? ¿Qué es lo primero que pensasteis cuando os propusimos hablar sobre esto?

Guillermo: Yo pensé que es un tema espinoso y con tantas oportunidades como amenazas. Identidad para mí es quien eres, las coordenadas básicas que articulan nuestro ser y nos identifican respecto a otra gente; la pertenencia, que se construye en gran manera en la infancia. Una individualidad que al mismo tiempo es compartida con otras personas. No tengo muchas respuestas, sino constantes preguntas; pero no me cabe ninguna duda de que debe ser en plural.

Lucía: Sí, igual que hay que hablar de feminismos. Es muy bonito tener un tronco común, pero de ese tronco salen muchas ramas que conforman ese árbol que florece y da vida. Y lo que da vida es la diversidad, los matices, el diálogo, irnos conociendo según los contextos… Pero creo que hay que darle una vuelta a qué es ser rural y, por contraposición, habría que definir la identidad urbana. Parece que la ciudad fuera algo menos cercano, menos sentido, pero en las ciudades también hay redes y pequeños espacios de pertenencia, los barrios. Hay que tener en cuenta que se ha ridiculizado a quien era de pueblo, lo que ha podido generar un desapego forzado de tu territorio y, paradójicamente, ahora se romantiza lo rural y el pueblo. Hay que prestarle atención a cómo ambas tendencias influyen en las identidades rurales.

Guille: Si solo existiera una identidad rural, estaría muy manipulada. Ha quedado una imagen rancia, residual, que han construido quienes han podido quedarse en el pueblo, y creo que habría que deconstruirla. De todas formas, no termino de ver esas «identidades rurales». Yo no tendría claro si tengo identidad rural o urbana o una mezcla… La gente que emigró a las ciudades para trabajar en fábricas, ¿perdió la identidad rural? Sus hijos, que vuelven al pueblo en verano, ¿son urbanitas? En muchos pueblos no existe una identidad rural, sino urbana, porque su vida gira alrededor de lo que pasa en la ciudad. Yo he dado clase en pueblos pequeños y los chavales decían que la última vez que habían estado en el campo era en el Sonorama, que es un festival de música en Aranda de Duero (eso era el campo para ellos). La identidad rural está muy desdibujada, se ha roto tanto esa cadena de transmisión y lo que queda es poco atractivo, son caricaturas.

  ¿Pensáis que la identidad rural es un elemento que hay que politizar? ¿Tiene capacidad para interpelar políticamente a la sociedad y a los valores impuestos más allá del eje izquierda-derecha?

Guille: Yo creo que se puede y se debe politizar, porque todas las ideas de lo rural ya han sido politizadas a lo largo de la historia. En Vidas a la intemperie, Marc Badal incluye frases de Onésimo Redondo, en los inicios de Falange, y, si me dices que las firmamos algunos de nosotros, te lo compro. La ciudad era el elemento demonizador que rompía con las tradiciones y los saberes populares, había una guerra contra la modernidad. No nos ha de extrañar que ahora la extrema derecha lo quiera retomar. Muchas de las personas que hemos vuelto la mirada hacia lo rural lo hemos hecho atraídas por la relación entre lo rural y lo campesino. Es algo que ha quedado como el último reducto de prácticas que nos permiten ver que hay algo diferente a lo que se hace en las ciudades y al capitalismo imperante, y hay que sacar esas prácticas de la guerra partidista que tanto interesa a los grandes partidos y llevarlas a la de las ideas. Construir la identidad rural en torno a esos elementos que mucha gente considera necesarios es muy importante, independientemente de lo que luego vote tu vecina. La supervivencia de lo rural debe estar ligada a lo que sea necesario y útil. Es un territorio en disputa y creo que es la primera vez en la historia que estamos debatiendo desde la izquierda sobre las posibilidades que tenemos de pelear por lo rural. Esto hasta hace poco no se lo planteaba nadie.

Guillermo: ¿Y cómo puede ser tan fácil colonizar la identidad rural? La respuesta está en parte en la pregunta: ¿quién se queda en los pueblos? Cuando personalizas los relatos del éxodo rural, te das cuenta de que se fue primero la gente a la que se le había hecho un vacío social por sus ideas y no tenía jornales. Y para las mujeres hay mucho menos espacio. En el rural la estructura social se presenta con mayor crudeza y, en ese sentido, la ciudad supone una liberación, un territorio con más densidad que permite otras redes sociales. En el pueblo hay lo que hay, los que somos nos tenemos que entender; limamos esas asperezas, las relativizamos en pro de las acciones colectivas. Ser más participativos, inclusivos, respetuosos, eso es lo que nos tiene que definir…, pero es algo que ya trasciende la diferencia entre lo rural y lo urbano, y debe conectar con otros ámbitos. Las tradiciones y fiestas en los pueblos, donde reside la vitalidad de lo colectivo, están siendo muy manipuladas. La caza y lo taurino son buenos ejemplos de ello.

  ¿Qué podemos hacer para evitar que lo rural sea manipulado por una ideología política e incluso partidista?

Guille: La identidad tiene que expresarse, es libre, tú eres de allí donde habitas y de donde te sientes, sin exclusividades, y esto conecta con lo que antes decía Guillermo, con los nacionalismos. Introducir que quien habita un territorio es quien forma parte de él elimina la componente excluyente. Ahora mismo quien habita en muchos municipios rurales ni siquiera son personas nacidas en España. ¿Quién va entonces a construir la identidad rural del futuro? Personas que a priori ni eran del pueblo. En institutos rurales con un 40 % de alumnado inmigrante, me di cuenta de que la convivencia real y la permeabilidad entre población migrante y del lugar se está dando en los pueblos, donde no hay colegios concertados. Hay que espabilar, desarrollar más teoría y práctica, huir de la romantización y generar oportunidades para estos territorios basadas en lo que existe y que rompan con las lógicas que ha habido hasta ahora.

Guillermo: Precisamente para mí esa es la clave, en un pueblo se da más fácilmente que en la ciudad este contacto entre estructura social y emoción. Hay que aprovechar eso para aumentar la capacidad de acción conjunta. En los pueblos es más complicado que en la ciudad conseguir una masa crítica, pero se desvelan esas paradojas o contradicciones y hay que visibilizarlas. Por otro lado, la identidad rural se tiene que apoyar en lo urbano —que lo invade todo— y tiene que haber alianzas, nuevas confluencias; la identidad rural debe ser plural, pero con un mínimo común múltiplo que la pueda convertir en algo activo, político, capaz de ser propositivo. Si no, no podrá ocupar un espacio.

Lucía: Para mí, en todo lo que estáis diciendo es muy importante un medio de comunicación local que visibilice todas estas «contradicciones», que hable de las relaciones en los pueblos, con el territorio y de oportunidades económicas que liberen de ciertas dependencias. Si no existen, nos sentimos olvidadas y es más fácil llegar y convencer con discursos emocionales. La clave está en las políticas locales, la cercanía, las relaciones, en la educación en todos los ámbitos. Me llama la atención que haya jóvenes que no sepan lo que es la Desbandá. ¿Cómo puedes no saber algo que le pasó a tu abuela? Ese desconocimiento hace que sea muy fácil convencernos y llevarnos a otra forma de pensar.

  Veamos la foto positiva de la actualidad: existe la movilización de la España vaciada, pero también contra los macroproyectos, que es básicamente rural y de defensa y revalorización del territorio, contra poderes económicos y que rompe estereotipos sobre el conformismo y falta de organización de los pueblos. Además, vivimos un auge de expresiones culturales que surgen desde lo rural y desde lo identitario. ¿La identidad rural puede ser una estrategia política para luchar contra el capitalismo?

Lucía: Desde La Poderío sí que percibimos que han salido muchas ilustradoras feministas andaluzas, grupos de música, de debate… Estamos en una ola de andalucismo y creo que es una respuesta contra la centralización de los medios y de la sociedad. Hemos decidido construir nosotras el relato para reivindicarnos en identidades múltiples, pero desde Andalucía. Y, sí, creo que esta tendencia se puede ver también en otros territorios.

Guille: Es verdad que hay un boom cultural interesantísimo y creo que va a recuperar muchas cosas que se habían perdido. Y sobre ese enfrentamiento a los macroproyectos, creo que es el paso clave para politizar el medio rural, reforzar la comunidad, defender el territorio que debe ser permeable a muchos ámbitos. Y esto debe ir más allá de los pueblos: si defiendes el territorio aquí, lo defiendes en todas partes. En Abrigaño trabajamos a partir de la idea de que sobran viñas, sobra trigo, sobran molinos, sobran macrogranjas, porque estos monocultivos lo que hacen es reforzar el caciquismo y las lógicas de instrumentalización económica del medio rural. La ordenación del territorio, que es algo básico que ha hecho cualquier comunidad desde que el mundo es mundo, ahora la decide el gran capital. Esta politización nos hace levantarnos y enfrentarnos a multinacionales, nos lleva a pensar qué queremos hacer con el territorio, decidirlo juntos, es fundamental. La soberanía entendida como la capacidad de decidir no excluye a nadie, ni a quien teletrabaja ni al terrateniente. Todo depende de que seamos capaces de construir unas relaciones económicas diferentes, porque ahora todo está subyugado a lo que el capitalismo quiere que produzcamos. Politizar el medio rural tiene que pasar por romper con esa lógica mercantilista. Lo rural siempre ha sido versátil, diverso, los campesinos siempre han tenido diferentes ocupaciones, incluso según la época del año. (Guillermo) 

Guillermo: Sí, lo que hay que construir es más autonomía y reconocernos unos a otros, establecer qué es lo que compartimos y generar una empatía que pueda ayudar a los grupos pequeños a plantear oposiciones. La forma de gestión de los recursos colectivos debe partir de lo pequeño a lo grande y no al revés. Gestión territorial es la palabra. Aquí el monocultivo del turismo simplifica mucho las relaciones, hace a la gente dependiente; durante cuatro meses al año no puedes contar con nadie, hay muchas actividades paralizadas. Lo rural siempre ha sido versátil, diverso, los campesinos siempre han tenido diferentes ocupaciones, incluso según la época del año. La capacidad de hacer en conjunto y respetar diferencias deberían ser nuestras señas de identidad, es lo que tenemos que defender. La alimentación diversificada para articular identidades y territorios es un tema principal porque implica gestión, relación y distribución y supone mucho potencial en empleos y en generar lazos. Así se articularon toda la vida las comarcas, con intercambios y cooperación. Eterno este debate.

Revista SABC

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s